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Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en LinkedINUna mousse o espuma es un postre de origen francés, cuya base es la clara de huevo montada a punto de nieve, o la crema de leche batida, los cuales le dan consistencia esponjosa. La textura diferencial de la mousse se debe a las claras batidas a punto de nieve y su mezcla con la crema base de la que se parte. Es este merengue lo que confiere a la mousse esa textura tan característica de diminutas burbujas. De hecho, el término francés mousse significa espuma en español.
3 huevos enteros XL
3 huevos XL, separados
200 gr + 2 cucharadas de azúcar
2 cucharaditas de la ralladura de la cáscara del limón
120 ml de zumo de limón recién exprimido (unos 4 limones)
Sal
230 ml de nata líquida
En un recipiente resistente al calor, añadimos los 3 huevos enteros y las 3 yemas de los huevos separados. También agregamos los 200 gramos de azúcar, la ralladura de limón, el zumo de limón y una pizca de sal.
Mezclamos los ingredientes y colocamos el recipiente al baño María, sobre una cazuela con agua hirviendo, para que se vaya cocinando. Mientras tanto, tenemos que ir removiendo todo con un batidor para que no se queme y el calor se reparta uniformemente por toda la superficie.
Sin dejar de batir, continuamos moviéndolo hasta que la mezcla espese, debe tener la consistencia de un pudín. Si deseamos nos podemos ayudar de una batidora eléctrica de varillas cuando la mezcla espese y sea más difícil de mover.
Retiramos del fuego y dejamos que repose durante 15 minutos. Podemos cubrir la superficie del recipiente directamente o pasarlo a otro recipiente nuevo y cubrirlo.
Lo introduciremos en la nevera por lo menos durante 1 ó 2 horas, hasta que esté completamente frío.
Ahora es el momento de sacar las claras que teníamos guardadas, añadir una pizca de sal y batirlo a velocidad alta hasta que se monte. Lo mejor es hacerlo con una batidora eléctrica para no cansar los brazos en el proceso.
Incorporar el azúcar restante y continuar batiéndolo hasta que las claras estén rígidas y brillantes.
A continuación mezclamos las claras montadas con la mezcla refrigerada de limón, pero con movimientos suaves, para que el aire adquirido no se elimine.
Montar igualmente la nata en el mismo recipiente, hasta que empiece a formar picos tiesos.
Incorporárlo de la misma forma a la mezcla anterior.
Volver a introducirlo en la nevera durante un par de horas antes de servirlo.
Ya podemos servir la mousse en recipientes pequeños individuales.
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