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Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en LinkedINEl mango, esa fruta tropical tan apañada, tiene su origen en Asia del Sur, especialmente en India y Birmania, aunque hoy en día se cultiva en todo el mundo. En España, por ejemplo, la Axarquía malagueña y algunas zonas de Granada están llenas de mangos espectaculares.
El mango tiene un sabor dulce con un toque ácido. 100 gramos de mango aportan 61 calorías y es rico en vitamina A, vitamina C y potasio.
2 mangos maduros grandes
400 ml de nata para montar (mínimo 35% de materia grasa)
200 ml de leche entera
100 ml de leche condensada
100 g de azúcar (ajustable al gusto y al dulzor del mango)
El zumo de 1/2 lima o limón
1 cucharadita de esencia de vainilla (opcional)
Pelamos los mangos con cuidado, hacemos cortes paralelos en cada lado del hueso y luego cortamos en cuadraditos sin llegar a la piel. Después, empujamos con los dedos por la parte de la piel para que los dados salgan hacia fuera y los vamos cortando con una cuchara. Trituramos esa pulpa con el zumo de media lima (o limón) en una batidora o robot hasta conseguir un puré bien fino.
Sacamos la nata de la nevera justo antes de usarla (tiene que estar bien fría para montar). La batimos con varillas eléctricas hasta que coja cuerpo.
En un bol grande, mezclamos el puré de mango con la leche condensada, la leche entera y el azúcar. Removemos bien hasta que se disuelva todo. Luego, con movimientos envolventes y mucha suavidad, añadimos la nata montada a esta mezcla. Lo podemos hacer con una espátula o cuchara grande, no con varillas, para que no se baje.
Si deseamos darle un toque más aromático, añade también una cucharadita de esencia de vainilla.
Para su presentación: Usamos un molde metálico o de cristal (los metálicos enfrían mejor). Tapamos con film transparente, asegurándonos de que toca la superficie del helado para que no se forme escarcha.
A continuación lo introducimos directamente al congelador. Durante las primeras 4-5 horas, sacárlo cada 30-40 minutos y remover enérgicamente con un tenedor o unas varillas para romper los cristales de hielo. Esto es lo que le va a dar la textura cremosa en lugar de que se convierta en un bloque de hielo. Una vez hayan pasado esas horas, lo dejamos congelar del todo (unas 4 más).
Sacamos el helado del congelador unos 5-10 minutos antes de servir para que se ablande un poco y sea más fácil de coger.
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